De forma
discreta observaba sus movimientos e intentaba determinar el momento más
oportuno para acercarme hacia el Cardenal Francisco Errázuriz, Arzobispo de
Santiago, Chile, y solicitarle una entrevista. Pero de pronto, como si el
purpurado hubiese leído mis intenciones, se levanta de su butaca y decide
sentarse junto a mí, en la fila de atrás. Así empezó este viaje que lo
guardaré por siempre en mi memoria.
Fue solo casualidad. Mientras
me ubicaba en la butaca del avión para iniciar el vuelo de regreso a Quito pude
advertir que al frente mío, separado por el pasillo, estaba ya ubicado el
Cardenal chileno. Me acerqué para saludarlo. Extendí mi mano y el
Cardenal sin reservas correspondió mi saludo y con una sonrisa espontánea me
preguntó ¿y dónde nos conocimos? – En Aparecida, Brasil, durante la Conferencia
del Episcopado, hace un año ya, le comenté. Ahhh, qué bien, me
respondió. Y en ese momento empezó nuestro diálogo que casi al instante
se vio interrumpido cuando la azafata me pide de favor que me traslade a una
butaca ubicada en la fila de atrás en donde estaba ubicado el señor Cardenal
Errázuriz, para ceder la que me correspondía a una señora que se sintió
incómoda en el sitio a ella asignado.